‘El tiempo’, de Luis Cernuda (1902 – 1963)

Llega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza. (No sé si expreso esto bien.) Quiero decir que a partir de tal edad nos vemos sujetos al tiempo y obligados a contar con él, como si alguna colérica visión con espada centelleante nos arrojara del paraíso primero, donde todo hombre ha vivido una vez libre del aguijón de la muerte. ¡Años de niñez en que el tiempo no existe! Un día, unas horas son entonces cifra de la eternidad. ¿Cuántos siglos caben en las horas de un niño?

Recuerdo aquel rincón del patio en la casa natal, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La vela estaba echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo. Subían hasta los balcones abiertos, por el hueco del patio, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, agrupadas, las matas floridas de adelfas y azaleas.
Sonaba el agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá en el fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento, centelleando sus escamas en un relámpago de oro. Disuelta en el ambiente había una languidez que lentamente iba invadiendo mi cuerpo.
Allí, en el absoluto silencio estival, subrayado por el rumor del agua, los ojos abiertos a una clara penumbra que realzaba la vida misteriosa de las cosas, he visto cómo las horas quedaban inmóviles, suspensas en el aire, tal la nube que oculta un dios, puras y aéreas, sin pasar.

 

 

debiera cambiar el nombre

debiera cambiar el nombre… caligrama18taller hace ya un tiempo que cambió, ya no existe como tal… puedo continuar solo como blanca razquin, que aunque sí ha cambiado, continua conmigo, insistentemente, acompañandome en este viaje

una de las cosas que guardo de ese caligrama es una especie de logograma que “inventé” para mi, cuando los niños -conteniendo apenas la risa-, me pedían “blanco, blanca!”

blancoblanca

con ese caligrama disfruté, vivi una buena parte de mi vida -todo un abanico de emociones asociadas… -,  los niños han crecido, muchos de ellos ya tienen niños, sin embargo me gusta recordarlos como entonces… -quizás es una tarea que hemos de hacer cuando cumplimos años, recordarles-recordarnos, que dentro guardamos un niño pequeño-

-la tierra está preparada, han pasado muchas cosas, hay muchas emociones incomodas, pero también las hay dulces, divertidas, amorosas… , ahora llega el otoño, no sé como se presentará,  pero tengo confianza que la tierra sabrá como relacionarse con él!, probablemente la tarea más dificil para mi sea no interferir

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mar adentro

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Mar adentro

Quizás deba pedir disculpas por el título elegido para esta pequeña muestra al borde del mar: no hay barcos, ni marinas, ni gaviotas, ni pescadores faenando, ni atardeceres de colores… ni mar!
Aunque vengo de “tierra adentro” en el último tiempo el mar ha agrandado su presenciaen mi vida.

…Dicen que la vida nació en el mar!!! un setenta por ciento de nuestro cuerpo es agua, agua salada. Agua salada las lágrimas, los fluidos del cuerpo, la sangre…
Como el mar, también nuestro cuerpo está sujeto a mareas, a veces lentas y pausadas, otras en forma de tempestades.
Este pequeño cuerpo, guarda como el mar sus secretos en su orografía peculiar: ciudades antiguas, barcos hundidos que quizás permanecerán siempre ocultos…, tesoros escondidos para descubrir…, y también, como nuestro mar de afuera, está habitado por toda una “fauna y flora” que vive y se relaciona procurando siempre facilitarnos la mejor armonía, el mejor equilibrio.

Este “mar adentro” que enseño, habla de todo esto, de pequeños paisajes de ese mar interno, en el que inciden emociones, deseos, frustraciones, juegos….,de cómo “lo que está adentro, está afuera”, de cómo el tiempo vá hundiendo barcos y van apareciendo tesoros, – o no-, de mi intento de vivir un presente consciente, para aprender, para amar… para agradecer todos los regalos que la vida me ofrece, aunque quizás muchos no sea capaz de ver.

Así que al final no voy a disculparme, porque la sala está llena de brisa de mar, de caracolas, gaviotas, de amaneceres… que cada uno llevamos dentro del corazón: nuestro pequeño y peculiar gran mar de adentro!

Blanca Razquin, Cambrils 30 de agosto de 2014